09 marzo, 2012

* Comprendiendo que se puede estar tan cerca..., cuando se está tan lejos.



Diáfano atardecer con sus colores ocres. Alumbra a la estación del tren y a tu paso de prisa. Suplicante te grito: ¡Perdón! ¡No te vayas! ¡No te alejes de mí! En la lejanía te enjuagas el llanto. Me miras y gritas: ¡Me has robado el corazón bandido! ¡No voy a perdonarte nunca! Desde entonces inspirado, cual poeta del amor me he vuelto solitario.

* Si acaso levantando la mirada..., y apenas contemplando mi rostro en tus pupilas.


Te vi venir. ¡Hermosa y serena! Apenas nos acercábamos cuando el compás de tus cabellos comenzaba a estremecerme. ¡A hacerme sentir vivo! Era una sensación indescriptible. ¡Como calosfríos! Nos detuvimos de frente. No sabía si mirar tus ojos o mejor tus labios. Aquellos me seducían y estos me provocaban. ¡Desarmado ante ti! ¡Tonto! ¡Loco! Accedí ante el encanto de tus pupilas y fue la mejor decisión. Porque en ellos me guardaste y en ellos nos volveremos a ver…, tan pronto como la belicosidad de mis complejos se rinda y te robe un beso.

13 agosto, 2010

* Entendiendo que sólo Uno concluye la recta,...

...quien ha completado cada una de sus fracciones. Sólo uno conluye el proceso, quien ha agotado cada uno de sus procedimientos. Quien yace a mitad del camino no avanza. Quien permanece inmóvil jamás prospera.

* Mirándote, mirándome,...

...sosteniendo el crepúsculo nuestra respiración y navegando deseos en un mar azul, que son tus ojos. ¡Reflejos de luz buscándome! Que son los míos hallándote cuando al final te reconozco y sé. ¡Que tú eres mía amor! ¡Y yo soy tuyo!

10 agosto, 2010

* Diseñando sueños y despertando realidades.


A Don Salvador Téllez Farías –in memoriam-;
A ti, princesa de cristal y canto.


La oscuridad ya abraza al horizonte, y en el cielo azul inmenso, los pequeños ojitos de plata despiertan de su sueño letárgico para presenciar del globo terráqueo, la sinfonía del amor.

Una sinfonía en donde los místicos sonidos de la noche constituyen el instrumental de música, y en donde el baile romántico de dos enamorados es el eje central del Universo.

Allí cantan los ríos, los lagos y los mares. Cantan las aves nocturnas, las luciérnagas y las cigarras. Cantan la Luna, los planetas, las estrellas y los cometas. ¡Todo el Universo canta! La inspiración es tanta que sublima a las almas que se albergan en las cordilleras del planeta. ¡Todo es magia! ¡Todo es poesía!

De pronto todo el Universo calla. Ya no interpreta música ni canta. Y los dos enamorados ya no bailan. La niña se quedó dormida. Sumergida en la tierna ilusión de que un día todo se tornará realidad. Por ahora, sólo es bella fantasía que habita en su corazón y en su pequeña caja de música, la cual, por esta noche, hace su compás de espera.

15 julio, 2010

* Armando al orden y desvaneciendo al caos.

"Es necesario que Él crezca, para que yo mengüe"
(San Juan 3:26-30)

A Susana Uruñuela
A Omar K. Salomón


¿Cómo definir al caos tan mentado?
Como polvo, ruinas, cenizas,
hojas muertas, cicatrices,
colores sin matices,
niños sin sonrisas.

Es desierto lejano y desolado.
Es como andar en lodo.
Es tragedia, enfermedad, condena,
libertad condicionada por cadenas
que se rompen de apretarlo todo.

Es un grito que se escucha atormentado
de buscar la paz inútilmente.
Declarando su guerra y al final,
muriendo de manera tan banal
resulta que sufrió tanto su muerte.

Fuego voraz ya consumado
que enterró con sus bombas radioactivas
la fe, el amor y la esperanza.
Pena, dolor y llanto en lontananza
dibujan tantas puertas sin salidas.

Mares turbios y agitados
que arremeten nuestros sueños.
Los dispersan a otros causes,
los ahogan con su arrastre,
o los reducen a menos.

¿Y cómo salir de aquí? –me digo anonadado.
Me lo ha dicho un amigo tan querido.
¡Observa! ¡No dejes de respirar!
Busca los patrones de armonía y haz
que el orden esclarezca tus sentidos.

14 julio, 2010

* Entretejiendo capullos y produciendo mariposas.


Ha vuelto feliz y desafiante
la extraordinaria musa azul.
Con sus vestidos al viento,
con el frescor de su aliento,
y con su aureola de luz.

Y su antifaz madre perla
me alumbra, me embriaga, me lleva,
a regiones celestiales
donde brotan manantiales
de luces bengala, y estrellas.

Donde los ríos no esconden sus voces,
pues sus ecos son vidas pasadas,
experiencias adquiridas,
¡tantas batallas perdidas!,
y alguna guerra ganada.

Donde la poesía es tanta
-como tanta mi atención-,
que puedo escribir lo que veo,
y libre, decir lo que creo
con certera inspiración.

¡Dulce! ¡Serena! ¡Constante!
¡Déjame ver con tus ojos!
¡Déjame oír con tu oído!
¡Sentir con tu fuerte latido
estos versos amorosos!

Ir a tu insondable guarida
a colectar tanta prosa
bellamente contenida
de expresiones de la vida
en palabras tan hermosas.

08 julio, 2010

* Haciéndote preguntas todo el tiempo, y saciándome tú con tus respuestas.



¿Qué debo sentir si me besas,
con ese labio tuyo seductor?
Ese colmado de promesas,
de amores y recompensas
que besa cautivador.

¿Qué debo decir si tus manos
acarician mis mejillas?
¿O si tus ojos brillantes
miran de frente y constantes
este mi rostro profano?

¿Y qué si tus blancos pechos
colmados de ti, de tu esencia,
me confieren el derecho
de estar junto a ti tan estrecho
y su tersa complacencia?

¿Qué debo hacer si tu roce
adormece mis sentidos?
Me aprisiona convincente
entre tus piernas vehementes
y acelera mis latidos.

¿Qué debo hacer si colmado
tanto de ti me respondo:
que no puedo más que amarte,
mi cuerpo y mi ser entregarte,
y hacerte feliz de algún modo?

¡Oh! ¡Ven a mis brazos de roble!
¡Ven a buscar mi regazo!
Que no hay empeño más noble
ni acto más adorable
que fundirnos entre abrazos.

06 julio, 2010

* Oyendo a Bach y haciendo el amor.


Soplaba aire fresco desde las ventanas.
Ventilaba la casa y la habitación nupcial.
Con sus frazadas de viento,
llegaba sublime el amor.

Callado y a tientas.
Con serenidad y entre rayos de sol.
Acariciando la piel de los amantes,
con un beso de sutil inspiración.

Y desde su lecho húmedo y tibio,
los enamorados elevan
sus mentes, mientras sus cuerpos,
reposan desnudos y quietos.

Danzan las aves y danza el mar,
danzan ellos que vienen y van
tomados de la mano.
Presentes en un instante infinito.

"-Eres hermosa amiga mía. Eres bella. ¡Tus ojos son palomas!
-Eres hermoso amado mío. Y dulce. ¡Nuestro lecho es de flores!"
(Cantares de Salomón 1:15-16)

21 junio, 2010

* Limpiando las ventanas y contemplando el gran escenario de la vida.


“Todo lo que brilla lo ilumina el alma”

Limpiaba las ventanas de la casa. Metía la mano al agua jabonosa y exprimía la esponja hasta obtener su blanca espuma. Tallaba los cristales con rigor. Como para prenderles lumbre. Luego, limpiaba la espuma con un trapo húmedo y el resultado era evidente. Limpias y transparentes ventanas que translucían el verde del exterior.

Entonces me miré. Desde cierto ángulo. Como mira la cámara del supermercado, intuyo. Mi ventana, era una de tantas en el edificio. El edificio, era uno de tantos a la redonda. La manzana, era una de tantas sobre la gran urbe. La gente se remolinaba entre suburbios y los automovilistas iban a distintos rumbos.

El mediodía dilataba su luminosidad. Las campanas de la iglesia tintineaban felices. Las voces de los chicos resonaban acústicas entre las cuatro paredes de escuela. Don Gaspar –el viejo alegre de la miscelánea-, despachaba legumbres y frutas a las amas de casa. Los edificios y las fábricas conglomeraban gente y trabajo –en un ambiente de concentración turbulencias y timbres telefónicos-.

¡Suspiré! La vecina comenzó a cantar arias de ópera. ¿Desde cuándo me gusta la ópera por Dios? Desde que la vi mudarse al edificio. Envuelta en una esbelta caballera rubia, y de ojos tan azules como el firmamento. Algún día me acercaré a ella. Cuando tenga el valor de enfrentar en el espejo, la belicosidad de mis complejos.

Seguí con otro par de ventanas. ¡Un verdadero desafío! ¡Limpiar lo negro del panorama! Los árboles eran cadáveres y las flores penaban marchitas. Entonces me miré desde cierto ángulo. Como mira la cámara del supermercado. Mi ventana era una de tantas en el edificio. El edificio era uno de tantos a la redonda, y la manzana era una de tantas sobre la gran urbe. La gente ya no se conglomeraba y los automovilistas tampoco viajaban. No había más energía, ni por supuesto movimiento.

No hacían falta los relojes. Era mediodía y el gris de la atmósfera quizá divisaba la sucia fachada de una iglesia en ruinas. Los jardines públicos eran en realidad cementerios. Las voces de las aves, sonidos megafónicos de altoparlantes. Las escuelas un montón de paredes destruidas. El cuerpo le había ganado a la mente, y por lo tanto, la educación no era más importante que conseguir alimentos –aún a costa de robar, o matar-.

Se extinguió la sonrisa de Don Gaspar cuando un cáncer de pulmón lo puso a dormir para siempre. ¡Fumaba tanto! Sus descendientes dejaron de vender hortalizas. Ahora tienen bodegas de artículos mecánicos –cajas de música, maquinas de escribir, relojes suizos, muñecas de cuerda y calculadoras solares. La gente los vende y los compra a montones. Una muñeca de plástico, por cierto, es tan valiosa como pagar un mes de renta. Aún nos bañamos con agua pero hace tiempo que dejamos de beberla. La asociación internacional de recursos naturales consideró que beberla era nocivo para la salud. En su lugar, bebemos el suero del fruto de un árbol. El único que permaneció sobre la faz de la tierra. De este se cuentan todas las leyendas, que es divino, extraterrestre y mágico ¿quién sabe? Es un clon de palmera que sobrevivió con tecnología de millones de dólares. Genotipado y adicionado con proteínas no se de dónde.

Mi vecina ya no cantaba ópera. Su rostro era gris y se había trozado la cabellera. Sus ojos permanecían azules pero no brillaban. Lo supe cuando me miró seductora. ¡Reí! ¡Era bastante obvia! ¿Quién no necesita saciar apetitos carnales en este tiempo? Además, el cortejo y la galantería se habían fugado con el tiempo.

De pronto, las sucias imágenes desaparecieron. La sangre de héroes y mártires, lavó otra vez nuestras suciedades –comprando otra vez nuestra libertad con revoluciones-. La naturaleza volvió a renovarse y brilló nuevamente el sol. Mis ventanas estaban bien limpias, pero un cúmulo de preguntas asaltaban mi mente: En medio de tanto claroscuro ¿Cómo se mira este limpiador de ventanas? ¿Cómo se comporta? ¿Qué clase de emociones despierta en los demás? ¿Quién parece ser? ¿Quién es en realidad?

31 mayo, 2010

* Combatiendo tus pensamientos más bajos, y arrancando tu realidad de sus demonios.


Conozco un demonio. Cuando crees que vas bien su colmillo desgarra tu sistema de creencias. Te hace sentir tonto e incapaz. Su veneno se esparce por todo tu cuerpo y te hace actuar como un cobarde. Luego te aplasta y de un soplido apaga tu luz.

Si sientes inseguridad y el miedo te invade, eleva tus pensamientos. Sostenlos en la armonía que inspira tu fe. ¡No claudiques! Piensa que quieres, que puedes y mereces. ¡Pondrás a ese demonio a tiritar!

24 mayo, 2010

* Elevando nuestros pensamientos y reestructurando nuestra realidad.



«Como es arriba, es abajo; como es abajo, es arriba.» “Del principio de correspondencia” (El Kibalión)

“Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en el cielo; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en el cielo” (Jesús El Cristo. Mateo 16:19)


¿Conoces el elevador de Dios? Es un elevador tan simple como el de los centros comerciales. Aunque viéndolo bien es más simple aún. No se necesita apretar ningún botón. Tampoco hay que esperar las filas exorbitantes de los edificios públicos. No se viaja apretujado bajo ningún concepto. Es liviano. Iluminado. Musical. Puedes ver a través de una ventana lo que ocurre allá afuera, en los parques y en las plazas, en las calles y en las avenidas. Mirar a la gente y la estación del tren. Puedes viajar a través del tiempo y del espacio. Abrazar al Universo. Aparecer y desaparecer en cualquier escenario posible. Contemplar y si quieres actuar.

El elevador de Dios tiene la dimensión de tu mente y la mía. Puede sostener una aurora, detener un crepúsculo, o llevarte al estado más dulce y más sutil. Puede mostrarte el cielo, su riqueza, su belleza y majestuosidad. Puede también si lo deseas. ¡Pero sólo si así quieres! Descender al terreno más hostil. Lugar donde se observa enfermedad, ruina y decadencia. Puede llevarte a los suburbios más terribles, donde los ladrones te persiguen sin parar. Puede llevarte a los lugares más inhóspitos –esos en donde arde la soledad-. Te puede llevar a un desierto, a un bosque, a cualquier lugar, inclusive allá donde los hombres son los lobos de los hombres.

El elevador de Dios no es bueno ni tampoco malo. Es justo. Respeta al fin tu decisión. Te lleva a donde quieras. Te sube si te subes. Te baja si te bajas. Respeta tu opinión. Te muestra el camino. Tú siempre eliges la dirección.

17 abril, 2010

* Convirtiendo la vida en muerte, y asumiendo el poder de la resurrección.


"Un espíritu histórico no puede tener dudas de que ha llegado el tiempo de la resurrección y que precisamente los acontecimientos que parecieron haberse dirigido en contra de su activación y amenazaban con consumar su hundimiento, han sido los signos más favorables de su regeneración" Novalis

"Porque si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe” San Pablo Apostol (Primera epístola a los corintios 15,14)

¡Te ha pasado también! No es mi intención recordártelo pero estuve pensando en lo terrible que es cuando sucede. Que todo se viene abajo y termina sepultándote. ¡Luego mueres! Vagas como alma en pena buscando respuestas. Crucificando a Dios en cada paso y aniquilando tu noción de bueno, malo, justo, injusto, y todo aquello que pudiera significarte amor o quizá odio. Lo dulce te sabe insípido. Lo caliente frío. ¡Ya nada tiene sentido!

Entonces deambúlas. Entre corrientes de vida. Hallando desolación por dondequiera –caos, torres destruidas, guerras perdidas, proyectos de formas redondas que jamás cerraron un círculo, promesas que se desvanecieron en el aire-. Un dolor en el pecho y en el vientre se intensifica con cada recuerdo que tienes. Sientes rabia, impotencia. Luego te sobreviene enfermedad y ruina. ¡Y para colmo! Todos los sistemas colapsaron y eres inmune a sus consejos. Sientes agonía porque aún te despiertas vivo. <<¡Maldición! ¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Hacia donde me dirijo? ¡A la mierda! ¡Todo se fue a la mierda! ¡Allá voy seguramente!>>

Entonces, cuando apenas te queda un aliento, miras que te sobrevive un talento. Ese que alguna vez, antes de convertirte en lo que eres, te hacía creer que no había imposibles. ¿Recuerdas? ¿Por qué no apostaste en ello? ¡Ah sí! ¡Por miedo! Lo guardaste para mejores tiempos. Tal vez te ayudaría en la vejez. ¡Ríes! Aún no llegas a los cuarenta y ya te sientes cansado. ¿Ayudará tu talento esta vez? ¡No lo sabes! Aparecen otra vez el temor y la duda, pero, ¿qué daño pueden ya hacerte? ¡Estás muerto! Sabido es que un fantasma no puede atormentar a otro. ¿Y porqué invertir en tu viejo talento? ¡Porque significa esperanza! ¡Volver a nacer! ¡Resucitar de entre los muertos! ¡Recuperar la dignidad¡ ¡Volver a sonreir!

¡Suspiras! Sientes aún dolor. No sabes si valdrá la pena regresar a la vida o quedarte de plano a vagar entre los muertos. ¿Qué harás? ¿Volverás? ¡Por supuesto! Pero esta vez será diferente. Vendrás como el héroe de tu leyenda personal. Darás hasta lo último para alcanzar un proyecto. Te alejarás del sufrimiento. Buscarás la felicidad. Emplearás tu experiencia para convertirte en alguien mejor. En el mago que convertirá su piltrafa en lo que siempre anheló. ¡Ser...! Todo lo que perdiste lo tendrás mejorado.

¡Vaya! No hay mayor diferencia entre caída libre y lo que estás por hacer. Si tu última vid no germina jamás tendrás una vergel; entonces sí, todo se irá al demonio; pero si germina, cuidarás de la planta y de sus retoños. No permitirás que las plagas la contaminen. De eso dependerá un vino bueno. Uno nuevo. ¡El tuyo! El que estás a punto de producir.

¡Abres los ojos! ¡Miras la luz! Promete iluminarte en el camino. Darle certidumbre a tu búsqueda. ¡Lo harás! ¡Sin nada ya que perder! ¡El mundo entero sabrá quién eres! ¡Sonríes! ¡Frunces el ceño! ¡Es una rabia feliz! Convertirás plomo en oro, lo peor en mejor, lo viejo en nuevo, lo añejo en vino, transmutarás. Irás a un ámbito mental en donde tu causa persistirá hasta que lo perfecto aparezca ante tus ojos. Entonces, con humildad agradecerás al Eterno porque su gracia y restauración siempre habrán de manifestarse a través de tus talentos. ¿Suspiras ahora? ¡Bien por el ánimo! ¡Que estás preparando el retorno del mago!

18 marzo, 2010

* Sosteniendo tu lámpara con devoción, y alumbrando al mundo con tu pasión.

Dragona Mayor 9


Imagina que tu lámpara alumbra alto y potente. Con una luz diáfana y brillante. Arroja torrentes de luminosidad por todas partes. Puedes entrar al lugar más oscuro y ver que los secretos más escondidos brotan desde su nubosidad para aclarar tus dudas; y aún en medio de la ignorancia, tus conocimientos alumbran, proveen respuestas, satisfacen la curiosidad más apremiante.

Nadie te puede mentir –tampoco engañar-. Puedes contemplar el pasado y el futuro. Trabajar en el presente. Hilvanar historias fantásticas y anticiparte en todo. Saber que el Uno contiene todos los números y que cada humano en lo individual refleja la gloria del Gran Arquitecto.

Imagina que puedes alumbrarlo todo. Que vale la pena buscar la luz. ¿Y si así fuera? ¿Tú que harías? fireball

23 febrero, 2010

* Entendiendo que al final, lo menos es más y lo más es menos.


"A mi edad Alejandro ya habia conquistado el mundo, y yo aún no he hecho nada memorable"
(Cayo Julio César)

Oro líquido brotaba desde mis entrañas. Lo sospeché cuando ese aroma erupcionaba en cada poro de mi piel. Era un olor distintivo. Una mezcla de sándalo, flor de lavanda, anís y canela. Por fortuna, algo sabía del tema.

Compré equipo de exploración –overoles, guantes, cascos, picos, palas, lámparas-. Consulté maestros, profesores, peritos, investigadores, gurús, y hasta la opinión de quien me tildó de tonto una vez. Tuve que vender mis prendas más queridas, hipotecar mis bienes, dedicar un buen tramo de mi vida a hacer de lo imposible realidad. ¡Y no fue nada fácil! Muchos me dieron la espalda. Me tildaron de loco e incapaz. ¡Qué necedad la mía! Nada era más importante que escarbar la mina y extraer su mineral. Y no era una crítica infundada. Muchos lo habían intentado y muy pocos logrado. ¡Extraer el Oro! Oro líquido que compra de todo: amores, placeres, riquezas, y juventud eterna –si se desea-.

Vinieron los días de excavación. Había perforado un orificio tan grande que ya la fantasía se entremezclaba con la realidad. E iba tornándose oscuro. La luz de la lámpara me iluminaba, pero no me libraba de las voces que hablaban en la oscuridad. Si daba giros de luz unas voces callaban, y luego otras comenzaban a hablar. Decían frases desalentadoras: insensato, ingenuo, nunca llegarás, te volverás loco. ¡Por Dios! Tuve que ignorarlas si quería avanzar.

Alguna vez me detuve a descansar. Había andado ya suficiente y el hambre me hacía desvariar. Tenía que comer, y de paso, cambiar las baterías de la lámpara. No quería andar trastabillando en medio la oscuridad. Extraje de mi mochila un pedazo de pan. Lo racioné en tres porciones –para tres días al menos-. ¡Comí! ¡Bostecé! ¡Cabeceé! ¡Que cansado estaba! De pronto abrí los ojos sobresaltado. Un ejército de hormigas invadía mi mochila. ¡Hurtaba mi pan! ¡Maldición! Una hormiga retozaba en mi hombro. Su chirriar me provocaba vértigo. Tenía la apariencia de una molécula de ADN. ¿Qué digo una? ¡Eran varias! La luz de mi lámpara languidecía. Parpadeaba. ¡Las baterías! Cambié las baterías y dirigí la luz hacia los insectos. Se escabulleron entre las sombras como soldados en tropel. Sólo dejaron unas migajas de pan. ¡Demonios! Sujeté enérgicamente mi cantimplora. ¡Bebí aterrado! En adelante sobreviviría sólamente con agua.

Andando, perdía la noción del tiempo y del espacio. “Si tan sólo llegara al oro –respingaba mi mente-, no tendría necesidad de beber ni de alimentarme otra vez”. En eso, la exhalación de un géiser inundó la atmósfera con ese escandaloso olor a hierbas y maderas. Era agradable pero muy picante. “Si diluyo el oro en un poco de alcohol –repasaba-, prepararé una tónico muy poderoso”. ¡Tosí! El olor era cada vez más intenso. Inundaba mis pulmones y adormecía mis reflejos. Me hacía sentir extraño, aletargado, con acústica mental y los sentidos a flor de piel. Durante ese trance volvía a mí cada frase que emitía.

<< ¡Quién eres! ¡Quién eres! >>
<< ¡Morirás! ¡Morirás! >>
<< ¡Estoy muerto! ¡Estoy muerto! >>
<< ¡Maldición! ¡Maldición! >>

Los destellos de la lámpara me causaban nauseas. La midriasis de mis ojos dibujaba temores delante de mí. ¡Grité! ¡Aaaarght! Perdí la razón por un lapso de tiempo. No supe cuándo ni en qué momento la recuperé. Por extraño que parezca mi organismo se había acostumbrado a las exhalaciones de los géiseres. Me arrastré boca abajo. Sudaba ríos de adrenalina. ¡Tosía! Estaba en lo más hondo de la grieta. Había avanzado tanto, que hubiera sido absurdo pensar en volver. ¡Ya estaba muerto! Sólo si encontraba oro viviría.

Llegué a un estanque de aguas calmadas. Si eran potables bebería hasta el cansancio, rellenaría mi cantimplora y viviría un poco más. Me incliné a degustar un poco, otro poco, de pronto, un raro pez se deslizó bajo el agua. Dirigí mi lámpara al interior del estanque. No vi nada. Mecí el agua con la palma de mi mano, y entonces ocurrió. Una cofradía de peces comenzó a aletear bajo el agua. Eran ciegos y de tres formas –triangulares, circulares y cuadrados-. Eran mansos y de tres colores –azules, amarillos y rojos-. El agua sabía a miel pero no me atreví a beber otro poco.

Seguí adelante y tropecé con un objeto. Era redondo, hueco y ligero. Lo alumbré. Era un cráneo humano –con el rictus siniestro de las películas de miedo-, advirtiéndome que otras personas habían andado el camino sin sobrepasar sus linderos. “¡Yo ya estoy muerto!” –exclamé en voz alta, lanzando el cráneo muy lejos y riendo.

Me creía valiente, pero caí en un fango de arenas movedizas y supuse que había llegado el momento del fin. Averiguaría cómo era la muerte en realidad. Súbitamente, mis pensamientos comenzaron a estacionarse en escenarios caóticos, por ejemplo, suponía que moriría asfixiado. En pocos segundos la arena invadiría mis pulmones y yo dejaría de respirar. Sentiría una desesperación cada vez más intensa, más y más grave, hasta perder el conocimiento y no saber más de mí. ¡Moriría al fin!

Lo último que recuerdo fue el ruido crocante de la arena. Luego lo oscuro se hizo más claro. Comencé a ver imágenes entre cada latido de mi corazón –de mi niñez, de mi adolescencia, de mi juventud, de mi edad adulta, de mi primer beso, de mi graduación, de mi matrimonio, de mi divorcio, de mi familia, de mí en lo personal y de mí en lo social-. Vi momentos de zozobra. Momentos de pánico. Lujuria. Penas. Glorias. Vi polvo cayendo por el orificio de un reloj de arena.

Luego fui lanzado a un túnel profundo. Ya no llevaba lámpara ni mochila. Apenas había agua en mi cantimplora. Tenía las orejas taponadas y no podía abrir los ojos. ¡Bah! ¿De qué me hubiera servido? La oscuridad me hacía caminar hacia lo desconocido. Caminé, caminé, tropecé, una vez, otra. ¡Demonios! Caí en un estanque de gelatina. No era caliente ni fría, era tibia, ámbar, y por increíble que pareciera, podía respirarse en ella. No sentía nada de hambre, y en caso contrario, podía comer gelatina. Olía a maderas y lavanda. Sabía a chocolate y malvavisco. No sentía sueño pero podía dormir si quería, sin límite de tiempo. Hubo un momento en que mi cuerpo quedó anulado. No importaba estirar un brazo o una pierna, comer o beber, ni aún el apetito sexual. Luego de varios días en ese estado me percaté que ya no tenía cuerpo. Era pura conciencia. Ir al pasado o al futuro era tan fácil como pensarlo. Entonces allá iba. Lejos del presente. A contemplar la cadena de vidas que apenas me hicieron mejorar –soy menos testarudo, más pragmático, menos ciego, respeto a las mujeres, obedezco las leyes humanas, dejé de fumar, ¡ah!, y me volví vegetariano.

¡Había hallado el oro! El oro líquido que podía ofrecérmelo todo: amores, placeres, riquezas y aún juventud eterna. Aunque no necesitaba juventud. Era joven. No necesitaba un auto. ¿Para qué? Ese era el principio y el fin. No tenía que ir a ninguna parte ni volver de ningún lugar. Menos aún necesitaba casa. Mi búsqueda me había devuelto al hogar. No tenía que trabajar. No tenía que sortear responsabilidades. ¿Para qué conquistar al mundo? Todo lo tenía y nada me faltaba.

¡Ay! –me lamenté-. ¡Que miserable soy! Necesito del mundo. Necesito del orden y del caos. De la armonía y de la desarmonía. De la fealdad y de la belleza. De Dios y del satán. ¿Cómo evolucionar sin cometer errores? ¿Cómo arrepentirse sin haber pecado? ¿Cómo vivir en el orden sin conocer qué es el caos?

El oro líquido era la piedra filosofal de los alquimistas, pero con ella en la bolsa, había sólo dos alternativas: Fundirse con ella para siempre –al modo hedonista-, o volver a la vida sin ella, pues no era fácil de manipular. La dimensión de mi decisión era entonces, quedarme en el paraíso –donde la fama no era tan importante, tampoco la sabiduría-, o volver de la muerte a la vida, sin nada de oro pero sabiéndolo todo. ¿Qué cosa? Que la gloria sabe mejor en la tierra que en el cielo. Que tenemos un ego tan grande que resulta imposible desprendernos de él. Que necesitamos al mundo con todas sus desavenencias. ¡Y un poco de lujuria algunas veces! Que ansiamos competir, ganar, ser excelentes, para que nuestra muerte luzca benigna en el ocaso. Que sólo la satisfacción de haber alcanzado una meta. ¡Una buena! Hará placentera la vida en el cielo.

¿Cuándo seré alguien mejor? Cuando haya amaestrado mi ego. Cuando mi hedonismo no me haga trabajar horas extras. Cuando lo más difícil sea lo más fácil. Entonces no tendré que vivir más en este planeta. ¡Me convertiré en un dios!

Puse un pie afuera de la gelatina y todo fue confusión. Había sombras a mi alrededor. Sentía la aprehensión de un infante separado de su dulce madre. Lloré un mar de lágrimas. Después todo fue más sencillo. Darle la mano a esa bella señora y dejar que me protegiera, que me cuidara, un berrinche a veces, luego otro, ¿qué más da? Un día seré todo un héroe y al fin moriré con dignidad.

08 febrero, 2010

* Atizándole más al fuego, y reduciendo el sentido del espacio-tiempo.


Como barco de vapor,
como cohete que va a la luna,
entre más fuego más pronto,
¡más lejos!

¿Cuántos grados necesita el Sol
para alumbrar al Universo entero?

¿Qué tan lejos tu pasión te mueve?

Mientras sigas vivo no dejes extinguir la llama, si no la quieres, dónala a una organización con fines humanitarios. Servirá a una buena causa, dará sentido a tu vida, salvará a tu alma del infierno –por no saber quién eres ni hacia dónde te diriges-.

Si un ventarrón ha apagado tu fuego,
ve en busca de más y no morirás de frío.

30 enero, 2010

* Despolvando el librero, y practicando la contemplación.


"Cuando un mortal activa su talento
los ángeles del cielo hacen una fiesta.
¿Quién detiene el vuelco de un talento?
¿Qué? ¿Porqué?"

A Pepe Robles
A María de los Remedios


El librero se erguía portentoso delante de mí. Soplaba polvo sucio desde sus resquicios. Los libros no respetaban las filas. Rebeldes y malhumorados se dispersaban entre ellas sin entender la importancia de la posición y el tamaño -¿tienen alguna importancia?-. La pieza brillante de onix palidecía suplicante. ¡Que la dejaran brillar por favor!

Platón escribía -en la serenidad de su habitación y en la noche- un discurso que tiempo atrás había pronunciado Sócrates. ¡Mas no se concentraba! La vecina del libro de aeróbicos le molestaba con su fuerte música. Además, el Mefisto del Fausto le interrumpía con sus metáforas.

Ignacio Burgoa trataba inútilmente de ejercer la abogacía. ¡Y no estaba sólo! Una colección de textos jurídicos le acompañaba. Pero el diccionario de la Suprema Corte de Justicia no le concedió el amparo. Resolvió que es atípico litigar temas arcaicos porque los derechos se extinguen en el tiempo.

Las mujercitas de M. L. Alcott cosían calcetines para el ejército. Era víspera de navidad. La ausencia de su padre les entristecía. Él se había enlistado en el ejército como sacerdote, y escrito una misiva a Meg, Jo, Beth y Amy -vestidas con faldas largas y caperuzas en torno a la chimenea-. Listas para leer las "últimas noticias". Afuera la nieve cae y el frío congela. De pronto oyen un ruido en el patio de la casa. Un niño indio ha traspasado la casa en busca del colmillo blanco de Jack London. Pero las mujercitas no se asustan, al contrario, sus blancas y sonrosadas caras se enternecen con la travesura. Miran al lobezno como si fuera de peluche, y al niño indio de abrigada vestimenta, como muñeco de felpa. Él oye que las jovencitas pretenden capturarle –no habla mucho inglés pero le susurra un diccionario bilingüe-. Horrorizado se abalanza sobre el canino. Lo atrapa con el antebrazo y se escapa con él. En la carrera rompe una maceta con flores congeladas. ¡Casi lo arrolla el Expreso Polar! -una película que en vísperas de navidad se desplaza con frecuencia desde el anaquel de discos compactos hasta la rendija del agujero del televisor-.

¡Silencio! -detuve mis pensamientos cuando empezaba a enloquecer-. El caos me amartillaba el cerebro. Corrí al cuarto de limpieza y cogí un par de trapos. Uno para sacudir y otro para limpiar. Un belicoso limpiador de superficies me suplicó que lo llevara a la guerra. ¡Así fue! Él lanzaba “spray desinfectante” mientras yo zarandeaba los trapos contra el librero. También reacomodaba los libros con agilidad.

Platón agradeció mi presteza. Inspirado comenzó a escribir "la república". Entendió que un Estado ideal es aquél gobernado por la razón. Uno que respeta las diferencias. Que imparte justicia con equidad.

El colmillo blanco regresó a la manada. Las mujercitas se sentaron a leer su carta -sin interrupciones esta vez-. El Expreso Polar retornó a la estación de trenes, y el Mefistófeles a molestar al Fausto. Ignacio Burgoa fue en busca de Einstein para que le explicara la relatividad del tiempo y del espacio. La mujer de los aeróbicos regresó con su música para bailar con las bellas modelos de las revistas de moda, para ejercitarse con las mujeres que enseñan alta cocina, y para impartir "alguna clase de gimnasia" a las viejas sabias que enseñan herbolaria. ¡Que ellas la aguanten por Dios!

Al final lavé los trapos con orgullo. ¡Los tendí en alto! Serpenteaban como banderas su grandiosidad. “Mister musculo” -el del atomizador- fue un buen compañero de guerra. Se cuadró ante mí como ante un capitán. En el cuarto de servicio fue recibido con honores. Tuvo un apasionado romance con la lavandina y al fin obtuvo el respeto del detergente -quien se las daba de “muy limpiador”-.

Ahora el librero me mira con respeto. ¡Conoce mi poder! Entiende que el caos y el orden ponen a bailar al Universo entero. Que las historias de héroes y villanos transcurren entre torbellinos. Y miro al librero con respeto. He conocido su alma. ¡Padece la locura de la soledad!

19 enero, 2010

* Pagando "la renta" con amor, y sobreviviendo al insondable dramatismo humano.


"La vida no es sino una continua sucesión de oportunidades para sobrevivir "
(Gabriel García Márquez)


A quien padece VIH

Se me hace precisa la metáfora de comparar la vida con pagar una renta. Y la renta aquí significa: pagar un espacio durante un tiempo determinado. Esta obligación –que lo es- no constriñe rentar una vivienda, sino pagar el precio de todas las cosas que necesitamos para vivir durante un tiempo. Es inevitable que un día partiremos de aquí y no nos llevaremos salvo nuestras propias almas, pero mientras estemos vivos, debemos pagar una renta. ¡Y así es! Pagamos por todo lo que poseemos –un auto para trasladarnos, una vivienda para resguardarnos, agua para asearnos, luz para iluminarnos, teléfono para comunicarnos, cable para entretenernos, supermercado para alimentarnos, ropa para vestirnos, colegiaturas para prepararnos, medicinas para curarnos, impuestos para contribuir al gasto público, gastos y más gastos que debemos hacer para vivir durante un cierto lapso de tiempo-.

Un día aparecemos en este planeta y nos damos cuenta, según Maslow y su pirámide, que tenemos necesidades que satisfacer -de mayores a menores-:
1) Fisiológicas: respiración, alimentación, descanso, sexo.
2) De seguridad: seguridad física, de empleo, de recursos, moral, familiar, de salud, de propiedad privada.
3) De afiliación: Amistad, afecto, intimidad sexual.
4) De reconocimiento: auto-reconocimiento, confianza, respeto, éxito.
5) De autorrealización: Moralidad, creatividad, espontaneidad, falta de prejuicios, aceptación de hechos, resolución de problemas.
Y sin embargo, no vivimos en la época primitiva. No es que descansar sea tan sencillo como ir a una cueva y dormir. No es que para tener sexo debamos golpear a una mujer y arrastrarla de los cabellos hasta la cueva. No es que para comer debamos alzar el brazo y arrancar los frutos del árbol. Si hoy en día pretendo ir a dormir a cualquier rincón, es probable que despierte con la luz de una lámpara sobre mi cara y la imperativa reprimenda de un policía. Si quiero tener sexo y golpeo a una mujer, terminaré en la cárcel por violador. ¡Peor aún! Si para comer sólo extiendo mi brazo, entonces dirán que soy un ladrón. "¿Pero qué pasa con ustedes? ¿Acaso no soy un simple mortal con necesidades que satisfacer? "¡No Señor! ¡Si quiere satisfacer sus necesidades tiene que pagar el precio! "¿Pero por cuanto tiempo? "¡Mientras siga respirando! ¡Si quiere vivir en este lugar debe pagar una renta! "¿Una renta?

Así se llama el título de una película que vi en los Estados Unidos. Aquella ocasión –aún no estaba divorciado- pasé al "Holywood Video" a “rentar” una película que unos amigos me habían recomendado. Cuando llegué al departamento que “rentaba”, mi esposa la miró con recelo.

-¿Y esta película? –inquirió ella.

-Es una comedia musical que me gustaría que viéramos.

-¡Y viene bien! –me dijo-, porque nuestra vecina nos ha invitado está noche para que conozcamos su nueva televisión. ¡Tal vez quiera ver la película con nosotros!

Michaëlla era una francesa residente en los Estados Unidos. Soltera y de treintaytantos años. Maestra de escuela y ferviente devota de una iglesia reformista. Cuando miró la película reaccionó a mi sugerencia de inmediato.

-¡Esta no es una comedia, es un drama!

-¡Y bueno! –respondí sin contradecirla-. Vi la sinopsis en algunos sitios de internet: http://www.estrenosdecine.net/peliculas/631/, http://www.lahiguera.net/cinemania/pelicula/2187, y en esos sitios la consideran una comedia musical.

-Si quieren la vemos, pero si está muy fuerte, mejor la cambiamos –respondió diplomáticamente y con pocos deseos de mirarla.

No quise discutir. Era evidente que a ella le asustaban algunos temas dramáticos. Mi esposa se puso de su lado y yo terminé apenado con la película bajo el brazo.

-¡Está bien! –agregó ella (algunas personas son obstinadas)-. Veámosla para que te des cuenta que no es una comedia, sino un drama.

A mi francamente no me importaba si era comedia o drama, sólo quería verla. Nos sentamos en el sofá y con cierta rigidez puso la película en el reproductor de video. Es gracioso, porque ahora que lo recuerdo, yo me encontraba tímidamente sumido entre los almohadones deseando que fuera comedia y no drama, si no... ¡la que se me iba a armar!

¡Y fue drama! Tal vez por eso la película no se me olvidó.
Se trata del musical de Jonathan Larson, quien por cierto, murió de un aneurisma aórtico la víspera de su preestreno. Inspirado en “La Bohéme” –ópera clásica de Giaccomo Puccini-, la obra teatral se convirtió en un éxito de Broadway, donde continúa siendo el séptimo show con más representaciones. Su mensaje es de amor y esperanza para una juventud permeada de sufrimiento. “Rent”, también ganó el premio Pulitzer de Teatro en 1996, el premio Obie, el premio New York Drama Critics Circle, Cuatro premios Tony y tres Drama Desk.

¡Y bien! Retomando la idea de pagar una renta para vivir y satisfacer nuestras necesidades diversas, la película revela dos ideas que enriquecen más aún la metáfora. Se trata del telón y la trama, que no tienen que ver con alfombras rojas, ni escenografías fantásticas. Se refieren, más bien, a una realidad que transcurre en un tiempo y espacio determinados, permeada de dificultades y sufrimientos. Es decir, además de la obligación de ir todos los días a trabajar para abrirnos camino en la vida y salir adelante, debemos sortear una serie de obstáculos que nos hacen sentir vulnerables –problemas económicos, conflictos emocionales, enfermedades, e inclusive, fenómenos sociales-.

Esta película nos muestra el insondable dramatismo humano. Se trata de un grupo de jóvenes bohemios, y lo son porque adoran la música, la actuación, el arte, y todo aquello que les hace ser y sentirse ellos mismos –sin perjuicio de trabajar en empleos poco ortodoxos con el propósito de cumplir algún sueño-. ¡Son personajes auténticos! ¡Con alma y vida propias! Todo comienza cuando Mark, director de cine experimental y narrador de la cinta, en la víspera de navidad, se encuentra en una posición difícil porque no tiene dinero para pagar la renta. Por si eso fuera poco, él sufre depresión porque su novia Maureen le fue infiel con otra mujer, es decir, era lesbiana. ¡Y el drama continúa! Roger, coarrendatario de departamento, fantasea con la idea de escribir una canción maravillosa (One Song Glory) para dejar su huella en este mundo, pues él está desahuciado al haber contraído el virus del VIH. Lo contagió su novia que de plano se suicidó y le dejó una nota: “Roger: tenemos SIDA” ¡Y bueno! Estos jóvenes discuten el proyecto de filmar “el mundo como lo ven” –a través de la lente de Mark- pensando que un día serán famosos y pagarán todas sus deudas. De pronto, les cortan la luz porque -ayayaaay- no pagaron la cuenta, y de paso también a su vecina de nombre Mimi. Una bailarina de “table dance” que vive en el departamento de abajo. Ella llama a la puerta de los chicos para que le regalen lumbre para su vela. Lumbre que además de iluminar su penumbra, servirá para preparar la dosis de heroína que se va a inyectar.

¡En fin! Mark se preocupa porque su amigo Tom Collins no ha llegado a visitarlos como prometió. ¡Y va en su búsqueda! Entretanto, Roger se queda a conversar con la teibolera –pues ambos sienten mutua atracción-. Y no es Mark quien encuentra a Collins sino Ángel, un homosexual vestido de “mujer santa claus”, quien descubre a Collins –ex profesor de filosofía - tirado en un callejón después de haber sido asaltado por unos vándalos. Ángel pregunta con una canción a Collins (Are you okay honey?) mientras cura sus heridas en un rincón. Al final, ambos se confiesan mutua atracción y ser portadores del VIH.
A diferencia del libreto de Puccini, el virus que aqueja a la humanidad no es la tuberculosis, sino el SIDA. ¡Y bueno! Para no hacer tan largo este comentario, Mark y Roger comienzan a grabar la película de sus sueños –que se convierte en un éxito tan impactante como “Rent”-, y los chicos logran salir adelante, gracias a pláticas que reciben en un “Life Support” –un recinto que se dedica a ayudar a los enfermos de SIDA-. Ellos descubren que lo más importante que hay en la vida, es vivir el presente con dignidad. Así se abrazan como familia. Sobrevivirán por el gran amor que habrán de procurarse hasta el final. Un día partirán de este mundo y no tendrán que pagar otra renta jamás. Algo bueno que enseña esta película, es aprender a mirar a las personas no por sus razas ni preferencias sexuales, no por su oficio ni por su estatus social. Enseña a evitar los prejuicios. A fomentar la tolerancia y la comprensión. Nos muestra que debemos pagar una renta para satisfacer nuestras necesidades diversas, ni hablar, y sobrevivir al insondable dramatismo humano, que siempre podrá ser aliviado, si nos damos y procuramos amor.

El siguiente es un video que muestra a los chicos en una sesión del “Life Support”. Mark realiza una grabación cuando ellos cantan a coro tres preguntas cargadas de incertidumbre: <<¿Perderé mi dignidad? ¿A alguien le importará? ¿Despertaré algún día de esta pesadilla?>> El ensamble vocal es maravilloso y alternado, lo que da la impresión de que tres simples preguntas, pudieran ser formuladas por muchas personas de nuestra sociedad a la vez. Con ustedes amigos queridos: “Will I?”

30 diciembre, 2009

* Elevando al ego y evitando al sufrimiento.


“A esta la llamaron Ley de Neutralización. Su operación consiste en elevar al Ego sobre las vibraciones del plano inconsciente de la actividad mental, de manera que la oscilación negativa del péndulo no se manifieste en la conciencia y no quede uno afectado por ella. Es lo mismo que levantarse por encima de una cosa y dejar que pase ésta por debajo de uno…” (Del principio del ritmo. EL Kibalión)


A Jenny Astudillo.
A Omar Salomón.

Cuando el señor del cable vino a instalarnos la “televisión de paga”, me rompía la cabeza aprendiendo a utilizar el control remoto y el decodificador. No me llevó mucho tiempo conocerlos. A partir de ahí, traté de familiarizarme con esa gamma de películas, noticias, deportes, documentales y música. ¡Sobre todo música! Ayer, por cierto, hacía mis ejercicios nocturnos de “levantamiento de control” cuando me estacioné en un programa de espectáculos que exhibía un concierto de la controversial “Paquita la del barrio”. Una señora de joyas y mirada taciturna que es cantante de música popular mexicana. Lo controvertido de ella no es su excentricidad sino las letras de sus canciones. Estas se pueden clasificar en, por ejemplo, las que menosprecian los desplantes de los machos mexicanos como “pobre pistolita” –que se refiere ironicamente al órgano sexual masculino-, “rata de dos patas” –que compara a los malos hombres con roedores-, y otra clase de letras como “si yo fuera varón”, que hace referencia a las virtudes que una mujer merece de un hombre.

Algo que me llamó la atención del programa fue que las mujeres del concierto seguían a Paquita cantando con despecho y ardor. ¡Hacían catarsis en cada canción! Esta actitud me tomó por sorpresa. Pensé que sólo los hombres íbamos a los bares a cantar las canciones de Vicente Fernández y a llorar como chamacos desconsolados porque nos dejaron, porque nos engañaron o porque mal nos pagaron.

Cuando el programa de televisión terminó yo me quedé pensando. ¡Es raro que no piense cuando algo me impresiona! Y pensé que así como el decodificador y el control remoto, las personas utilizamos nuestras mentes para sintonizar esos pensamientos que prometen aliviarnos del sufrimiento. Recordé el Kibalión y el principio del ritmo. Este principio explica que en todos los ámbitos del Universo hay una acción y una reacción, un avance y un retroceso, una elevación y una caída. Esto quiere decir –si nos enfocamos en el ámbito romántico- que los humanos experimentamos el amor y el desamor de maneras idénticas. ¡Con esa misma intensidad! Cuando nos enamoramos sentimos mariposas en el estómago. Cuando nos desenamoramos sentimos revuelto el estómago. Cuando nos enamoramos sentimos una gran felicidad. Cuando nos desenamoramos sentimos una profunda tristeza. Cuando nos enamoramos perdemos la noción del tiempo y del espacio. Cuando nos desenamoramos ponemos particular atención en la plasticidad del tiempo y del espacio. “Todo fluye y refluye; todo asciende y desciende; la oscilación pendular se manifiesta en todas las cosas; la medida del movimiento hacia la derecha es la misma que el de la oscilación a la izquierda…” (El Kibalión).

Es innegable que los humanos estamos sujetos a cambios de estado de ánimo. Como un día podemos estar optimistas otro día podemos estar pesimistas. ¡Y es natural! Pero entonces, ¿habrá manera de escapar a esta ley? –o dicho de otra forma-, ¿habrá un modo de escapar al sufrimiento? ¿Habrá una forma para no sufrir el desamor? ¿Cómo evitar los espasmos del corazón? El Kibalión propone una fórmula interesante: Elevar los pensamientos a un plano superior para escapar a la oscilación del péndulo rítmico que se manifiesta en el plano inferior. En otras palabras, si elevamos al Ego sobre las vibraciones del plano inconsciente de la actividad mental, la oscilación negativa del péndulo no se manifestará en la conciencia y no quedará uno afectado.

Por eso las mujeres acuden a los centros de belleza a darse un "retoque" y verse más bellas. Por eso abarratomos las plazas comerciales y salimos cargando cualquier cosa que compramos que nos hace sentir compensados. Cuando alguien "nos parte el corazón" acudímos a bares y cantinas a escuchar “música medicinal”. Música cuyas letras sean capaces de curar nuestros quebrantos. Sólo elevando al Ego –soy una persona valiosa, importante, virtuosa, maravillosa, hermosa- es que podemos sobrevivir al sufrimiento.

Hoy se sabe que la depresión y el estrés son detonadores de enfermedades cardiovasculares, por ello, pienso que no es malo ir a escuchar a Paquita la del barrio o a Vicente Fernández cuando nuestro péndulo emocional está arrastrándonos al sufrimiento. Sólo elevando al Ego –en el plano inconsciente- podemos escapar a la depresión y a la enfermedad que pudieran afectarnos en el plano consciente. “Es como levantarnos por encima de ellas y dejar que pasen por debajo de nosotros”

Ahora, existen dos formas de levantar al Ego por encima de la oscilación pendular. Una es positiva y otra es negativa. Una corresponde a un plano elevado de conciencia y la otra a un plano inferior de conciencia. Cuando enfrentamos una crisis emocional podemos elevar al Ego con frases que nutren la autoestima como “soy una persona valiosa”, o con frases despectivas hacia la otra persona “eres un estúpido”. De las dos formas sentimos alivio, pero la consecuencia de estos pensamientos es distinta. Las palabras de auto-amor sanan nuestras heridas profundas. Las palabras despectivas alivian momentáneamente, pero a la larga, reactivan el odio hacia otras personas y crean raíces de amargura.

Mucho se ha satanizado todo lo que concierne al Ego. ¡El Ego no es malo! Es parte de nuestra naturaleza. Necesitamos al Ego casi para cualquier cosa –para pedir trabajo, para buscar el amor, para enfrentar la mala crítica, para tener dominio de uno mismo, etcétera-. Una persona con baja autoestima está condenada a vivir el infierno. ¡Lo importante aquí es aprender a utilizar al Ego! Sólo un verdadero alquimista puede escapar al principio del ritmo mediante la ley de neutralización. ¡Elevando al ego! Y lo hace escuchando a Paquita la del Barrio o a Vicente Fernández. ¡No importa! Pero el Mago no insulta a los demás ni se siente víctima de nadie, al contrario, acepta la derrota pues se sabe humano. Se ama y perdona a sí mismo. Se sabe valioso y especial. Se da una oportunidad para rectificar un error. Entiende que la experiencia del desamor funciona sólo para una cosa: para contrastar el sufrimiento con la felicidad. Sólo si es feliz sabrá que no está sufriendo. Sólo si eleva al Ego, por encima del sufrimiento, permanecerá en la felicidad incondicionalmente.


07 diciembre, 2009

* Andando entre serpientes y escaleras, y arribando sin temor a Itaca.


"Nuestra gloria más grande no consiste en no habernos caído nunca,
sino en habernos levantado después de cada caída. " (Confucio)

El sábado pasado di un paseo por el mercado ambulante de la esquina de mi casa. Me encanta ir al mercado. ¡Me armoniza! Amo escuchar la música del organillero. Me deleita oír la multitud de voces que profieren toda clase de piropos a los marchantes –pásele güerita, madrecita, mi reinita, mi reycito, corazoncito, patroncito-. Me embelesa probar las dulces y jugosas frutas que tenderas y despachadoras desgajan frente a mí para pedirme el visto bueno. Disfruto leer en los puestos frases tan ocurrentes como: “Hoy no está el que fía porque fue a partirle la cara a quien le debía” “Si no compra no magulle” -estropee- “Aquí sí damos pilón” -adición extra de producto-. Me divierte escuchar entre la algarabía al quiromancista pregonar: “¡Venga! ¡No le saque! ¡Le digo con quien le engaña!” Luego los puestos de fritangas. La bruja que entre cráneos y aves disecadas vende velas sahumerios y herbolaria. ¡Mmmm! y el señor de la nieve de sabores –coco, vainilla, guanábana y maracuyá-.

¡En fin! Era una diáfana y cálida mañana de otoño. El astro rey sonreía victorioso después que sus rayos evaporaran al último frente frío de la temporada –el número diez, me parece-. Eran las once de la mañana. Caminaba entre un carnaval de flores, tomates, cebollas, chiles, ¡y entonces la vi! Era una india que vendía trompos, yoyos, canicas, matatenas, naipes y loterías. Me acerqué curioso. Tenía versiones económicas de fichas y tableros de juego –damas chinas e inglesas, ajedrez y backgammon, serpientes y escaleras, y hasta un empolvado juego de química que probablemente vendía a consignación-. ¡Suspiré! Era como si el tiempo se hubiera detenido, y más aún, abriera un portal que me trasladara a mi infancia. Creo que tenía seis años cuando Melchor Gaspar y Baltasar dejaron montones de caramelos y un poli-juegos en el árbol de navidad para que Jorge y yo permaneciéramos quietos y sin hacer travesuras. Podía ver a mi hermano de siete años –con vaqueros y camisita de cuadros- leer las instrucciones del “serpientes y escaleras” mientras permanecíamos tirados en el suelo indagando cómo jugar.

Se trata de un tablero con cien casillas numeradas que avanzan en orden ascendente –del uno al cien-. Para avanzar, desde luego, hay que tirar el dado. Durante el recorrido se pueden encontrar serpientes –o toboganes- que indican que se debe descender a una casilla inferior, o escaleras que indican que se puede ascender a una casilla superior (Si la ficha llega al número 62 retrocederá a la casilla 14. Si la ficha llega al número 19 ascenderá a la casilla 45). Se juega entre dos o más personas y gana quien llega primero a la meta (Casilla número 100).

El juego contiene un sentido moral, pues las escaleras indican una recompensa y las serpientes un castigo. Esto se debe a que en sus orígenes, “serpientes y escaleras” era un juego indio llamado “moksha-patamu” basado en las enseñanzas brahmánicas del bien y del mal que cohabitan en el interior humano (el “pap” y el “punya”). Un acto virtuoso, por lo tanto, acorta el viaje que el alma realiza –a través de las reencarnaciones- para alcanzar la perfección. La maldad, en cambio, siempre conduce al deterioro, a reencarnaciones inferiores y de formas animales. En los tableros modernos, los casilleros con serpientes indican situaciones que traen aparejadas consecuencias negativas (jalarle la cola al gato, agredir a alguien, comer dulces en exceso). Los casilleros con escaleras indican situaciones cuyo resultado es siempre positivo (sembrar la tierra, ahorrar, hacer ejercicio, cuidar a los enfermos). ¡En fin!

En la esquina de Presa Salinillas y Lomas de Sotelo di vuelta para regresar a casa. El mercado quedaba atrás y yo permanecía meditando. Pensaba que rumbo al número cien debía andar entre serpientes y escaleras. Para llegar a la meta debía sortear atajos y caminos largos. Alguna vez podía caer y otras veces levantarme. Dar pasos atrás o también adelantarme. Un cúmulo de autos y colectivos se abrían paso en medio del caos vial, y en el semáforo de Presa Tepuxtepec, un muchacho escupía fuego a cambio de unas monedas. Imaginé un dragón que me escupía fuego. Iba camino a casa y al atravesar la casilla 62 retrocedía a la casilla 14. Era mi castigo por jalarle la cola al gato. ¡Reí! Ya en casa recordé un poema que siempre me eriza la piel. Sugiere que rumbo a la consecución de nuestros sueños es posible toparnos con cíclopes y lestrigones. Monstruos que amenazan con desviarnos del camino. Demonios que prometen causarnos ruina. Para evitarlos, el poema propone una fórmula muy eficaz: 1) Elevar nuestros pensamientos y no evocarlos: No albergar miedos en nuestra mente. No pensar en duendes ni en fantasmas. 2) Que sea selecta la emoción que toca nuestro cuerpo y espíritu: No pensar mal para no hacer mal. Evitar con nuestros pensamientos y actos, la terrible consecuencia de pagar por nuestros daños. Démosle pues el micrófono a Konstantinos Petrou Kavafis. Poeta de Alejandría Egipto. Amante de la mitología griega y de la literatura Homérica. “Camino a Itaca” es uno de sus poemas más famosos. Fechado en 1911, hace referencia al último viaje de Ulises –en “La Odisea”- hacia su patria Itaca al finalizar la guerra de Troya. ¡Y dice así!

Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin esperar que Itaca te enriquezca.

Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que ofrecerte.

Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significa Itaca.

¿No es un poema hermoso? Enuncia que podemos evadir nuestros demonios con buenos pensamientos y actos. Que podemos andar el camino sin perjuicio de sus vicisitudes. Expresa que la sabiduría es la mayor de todas las riquezas. Que no hay mayor placer que disfrutar la vida. Que Itaca es la vía y es la meta. Y a mí me gustaría añadir lo que Confucio dijera, que la gloria no consiste en no caer, sino en levantarnos de cada caída, y que tras cada tropiezo que damos, es posible hallar una escalera.

18 noviembre, 2009

* Yendo al cine a mirar “surrogates” (identidad sustituta), y discerniendo el misterio de la segunda atención.


“Don Juan me había dicho que nuestro ser total consiste en dos segmentos perceptibles. El primero es nuestro cuerpo físico, que todos nosotros podemos percibir; el segundo es el cuerpo luminoso, que es un capullo que solo los videntes pueden percibir y que nos da la apariencia de gigantescos huevos luminosos... Para explicar estos conceptos, don Juan hizo una desigual división tripartita de nuestra conciencia. A la porción más pequeña la llamó primera atención y dijo que era la conciencia que toda persona normal ha desarrollado para enfrentarse al mundo cotidiano; abarca la conciencia del cuerpo físico. A otra porción más grande la llamó segunda atención y la describió como la conciencia que requerimos para percibir nuestro capullo luminoso y para actuar como seres luminosos... A la última porción, que era la mayor, la llamó la tercera atención: una conciencia de los cuerpos físico y luminoso.”
Sobre la fijeza de la segunda atención.
(Carlos Castaneda - El Don del Águila)

Cuando mi madre abrió la pequeña compuerta del closet, movió una caja con medicinas y algunos artículos para limpiar zapatos; detrás de éstos obstáculos, apareció un grupo de libros apilados en un rincón.

-¡Te han estado esperando! –me dijo solemnemente mientras estiraba las manos, cogía los libros y me los entregaba-. Me han acompañado por años y ha llegado el momento de que sean tuyos.

Los miré sorprendido. Entre ellos descubrí algunos títulos de OSHO (El místico Bhagwan Shree Rajneesh), Sai Baba, Paramahansa Yogananda, Krishnamurti, Carlos Castaneda, y hasta los libros del Zohar que me faltaban –de haber sabido no hubiera gastado en el primer tomo del Bereshit-. Mis ojos se iluminaron de inmediato. Era un acervo pequeño de grandes enseñanzas en palabras de “divinos maestros”.

-Pero, ¿cuándo comenzaste a reunir estos libros? –le pregunté perplejo.

-Algunos me los dio tu padre (mi padre trabajó casi toda su vida con judíos y participó en numerosos rituales talmúdicos), otros me los regaló tu tío Fernando (hermano de mi mamá y ávido lector de literatura mística), otros me los regaló Margot (prima de mi mamá que es amante de la espiritualidad y de la “nueva era”) y otros los compré yo.

Esa vez comprendí que –por algún oscuro propósito- el universo conspira para darnos las herramientas que necesitamos para realizar –en términos de Paulo Cohelo- nuestra “leyenda personal”. Mi leyenda personal es escribir novelas de ficción que actualizan la espiritualidad y el conocimiento de las tradiciones antiguas.

Esa noche separé uno de los libros de Castaneda y comencé su lectura. Se trataba del Don del Águila. El sexto libro del antropólogo más controvertido de todos los tiempos, pues habiendo realizado una expedición en la frontera de Sonora con el Estado americano de Arizona –para ampliar su conocimiento en el uso de hierbas y plantas medicinales de los indios de México-, se topó con un viejo brujo de piel tostada y cabellos blancos llamado Juan Matus. El indio le enseñó el poder de las hierbas y lo adoptó como discípulo. Luego le reveló conocimientos que terminaron por sepultar las intenciones de Castaneda de ser “un brillante académico” para convertirlo en Maestro Nagual (grado máximo en el escalafón chamanístico).

En el Don del Águila, Castaneda explora el significado –que le fue revelado por Matus- de la primera, la segunda y la tercera atención de la conciencia, así como el significado de “perder la forma humana” para despojarse de las cosas y causas que provocan la aprehensión material y significan la perdición humana.

Me rasqué la cabeza y clavé mis ojos en algún punto invisible de la habitación. Trataba de asimilar lo que leía y –como es habitual en mí- actualizar esos conocimientos en la experiencia cotidiana. Finalmente me venció el sueño y decidí dormir.

"Una semana después acudí al cine a mirar una película que llamó mi atención. Era “Identidad sustituta” o “Surrogates” (Sustitutos, en inglés). Dirigida por Jonathan Mostow y protagonizada por Bruce Willis, Radha Mitchell, James Cromwell y Ving Rhames. En esta película de ciencia ficción, Willis protagoniza a Tom Greer, un agente del FBI, que al viejo estilo de John McClane (Duro de matar), es capaz de resistir cualquier castigo con tal de ir adelante y hacer justicia a una comunidad de “sustitutos” o robots manipulados por las personas desde la comodidad de sus casas, y que son el blanco de una “arma devastadora” capaz de aniquilar al robot y a su manejador. Nunca he sido bueno para contar películas, pero haré una breve reseña para explicar mi punto de vista.

“Se supone que en una sociedad futurista, un científico en silla de ruedas hace experimentos con monos mancos y cojos. Los micos –a través de impulsos mentales- logran mover sus brazos y piernas biónicas. La idea es que mediante la nueva tecnología, personas con discapacidades puedan realizarse implantes que les ayuden a realizar actividades que de otra manera les resultaría imposible. Con el paso del tiempo, las extremidades biónicas son sustituidas por robots que responden a impulsos mentales y eléctricos, desde la comodidad de una silla y aparatos especiales, manipulados para realizar cualquier tarea de complejidad. Los discapacitados ya no tienen necesidad de salir de sus casas para ir a trabajar. El problema comienza cuando éste científico entra en conflicto con la industria de “surrogates”, que presa de una ávida ambición capitalista, decide comercializar los equipos –o unidades- para que personas no-discapacitadas realicen un sinnúmero de actividades sin la necesidad de mover un solo dedo. Para ello, convierten a los robots en verdaderas réplicas humanas. Los materiales son tan tersos como la piel y sus características parecidas a las de sus manejadores. No es extraño que las mujeres parezcan maniquís y entre ellas compitan para tener a la “sustituta” más bella. Las cirugías plásticas no son necesarias, pues basta con darle al robot todos los atributos de belleza que requiera para hacerlo lucir atractivo –color de cabello, uñas postizas, tipo de ropa, forma de busto, glúteos, etcétera-. Es también común que personas de edad avanzada, negadas a envejecer, tengan un “sustituto” más joven que además posea la elasticidad y el movimiento de cualquier adolescente. También hay excentricidades. Hay personas que detrás de un “sustituto-mujer”, por ejemplo, pueden hacer posibles sus fantasías sexuales –como un hombre gordo y ominoso que esconde su verdadera identidad tras una preciosa muñeca con lencería-. Otra ventaja de usar sustitutos resulta en las guerras, cuando un ejército de robots es operado desde una base militar y a distancia del territorio enemigo. Aunque el costo de operación es caro, las bajas humanas son nulas. El sustituto puede ser aniquilado pero no la vida de su manejador. Esta es otra “maravillosa” virtud de los robots, pueden realizar cualquier actividad peligrosa sin que por ello el manejador tenga que sufrir accidentes.
“¡Bueno! Regresando al científico que creó el concepto, éste es despedido de la industria de “surrogates” al oponerse de que su invento se convierta en un juego para la gente ociosa. Entonces hace de su mansión una trinchera para crear un “sustituto más sofisticado”, casi humano, capaz de involucrarse en la sociedad sin ser reconocido como máquina. Se trata de un líder de raza negra que se hace llamar “el profeta” (Ving Rhames) –dirigido por él mismo- que alza su voz en contra de los sustitutos. Éste predicador crea una célula de anti-sustitutos llamada “dreads”, integrada por seres humanos que se sienten desplazados por las máquinas –ya sea porque no tienen los recursos económicos para comprar un surrogate, o inclusive, por el elitismo de las empresas empeñadas en ahorrarse algún dinero en seguros y gastos médicos al contratar “sólo trabajadores mecánicos”-.

“Por otra parte, así como las grandes industrias del “software”, “hipotéticamente pudieran”, construir un virus capaz de destruir “un software no actualizado” –con el oscuro propósito de vender una actualización-, la inteligencia norteamericana (¿porqué será?) crea un virus capaz de destruir al sustituto y a su manejador, ya que los sustitutos están siendo exportados a todo el mundo. Este virus es un arma letal que el gobierno estadounidense –conmovido por su efecto devastador- decide eliminar, pero no totalmente, pues conserva una réplica por si en un futuro “se llegara a necesitar”. Por supuesto el asunto del virus es “tan secreto”, que ni aún el FBI tiene conocimiento de él. Sin embargo, conspiración o no, en cierta ocasión un hombre con antecedentes criminales, lleva esta réplica consigo y se dirige a un antro, disco, pub, o algo parecido para accionar el arma contra el hijo del mismísimo Lionel Canter (James Cromwell) –inventor de los surrogates-, que investido con la personalidad del profeta, declara una lucha arrolladora contra el gobierno y los surrogates. Así logra capturar al criminal, matarlo, y arrebatarle el arma para accionarla después, mediante una rara clase de “software”, en contra de toda la civilización, sin perjuicio de eliminar a todos los sustitutos y a sus manejadores de forma simultánea, pero antes de lograrlo, tiene que enfrentar a Tom Greer.

“Tom Greer es un agente del FBI que cumple cabalmente su obligación como policía, e inicia la búsqueda del arma secreta y de la mente criminal que ha invertido tantos millones de dólares en una tecnología que puede acabar con la vida de los sustitutos. De hecho, en un principio de la película, Greer mismo utiliza un sustituto con cara de “Bruce Willis” y mejillas sonrosadas, unidad que por supuesto, es destruida durante la pesquisa. Es así como el policía decide enfrentar “al mismo demonio” sin la protección que garantiza un sustituto, y como un buen “McClane” (Duro de matar), embarrar el físico en todas partes hasta lograr su objetivo. Después descubre –cuando es relevado del puesto- que los creadores del arma y del virus son científicos que trabajan para el mismo gobierno, y que “el profeta”, es el discapacitado Lionel Canter en su lucha obsesiva por capturar el arma y accionarla contra los sustitutos para vengar la muerte de su hijo.

“Es así como nuestro Greer se debate en una lucha sin precedentes contra Canter, contra el Gobierno, y contra la estupidez –que en adelante le resulta- de utilizar sustitutos, cuando su esposa Maggie (Rosamund Pike), esconde una terrible depresión detrás de su “bella y escultural sustituta”. Ella misma, como muchas personas, cae en un círculo vicioso que le hace imposible vivir ya sin una máscara, sin una identidad artificial, y sin otro yo. Greer entonces, logra interceptar a Canter cuando acaba de accionar el arma letal, logrando acabar con los sustitutos pero no con sus manejadores. La escena a continuación es sorprendente. Canter se suicida ingiriendo una cápsula mortífera, y Greer sale a la calle a observar el caos total –sustitutos en el suelo, autos estrellados, centros comerciales abandonados, y una multitud de personas que salen de sus casas en pantuflas y batas de dormir para contemplar la devastación-.

Una mujer a mi derecha mascaba rosetas de maíz (palomitas - pochoclos) con tal ansiedad, que hacía inevitable mi deseo de sustituirla por un robot que no ingiriera golosinas. La película concluye con la búsqueda de Greer para encontrar a su esposa, quien finalmente, ha tenido que abandonar a su sustituta para despertar de su letárgico mundo artificial.

Luego de 88 minutos de acción, los créditos aparecían en pantalla y yo me quedaba –como siempre- hasta el final, pensando, analizando, discerniendo. Recordaba las clases de “Derecho Romano” que el profesor Román Iglesias nos daba con un libro de su autoría. Ahí, en uno de los capítulos, él definía el concepto de persona como una clase de actor. La razón es que en sus orígenes, los actores utilizaban máscaras con altavoces para recitar sus guiones en los teatros romanos. Estas máscaras recibían el nombre de “personares” (personas - producir sonido) pues “sustituían” los micrófonos y la acústica de los modernos teatros. Entonces pensé que muchas personas de nuestra sociedad aún no han prescindido de sus máscaras.

Vivimos en una sociedad que deambula por las calles con sus mascaradas. Apenas salí del cine y no paré de mirar las marquesinas de anuncios que sugieren que la belleza física –por ejemplo- es una mujer o un hombre con cuerpos y caras estilizados. Quiero advertir que no satanizo el esfuerzo de las personas en poseer esculturales cuerpos, pero exhibirlos en los edificios como estereotipo perfecto me resulta abrumador. Algunas veces, es inevitable vestir un atavío de virtudes para cruzar el umbral de nuestra puerta e ir a cumplir con el “otro reloj”, presentar una solicitud de empleo, o acudir a una fiesta para mostrar los perfectos atributos de nuestros sustitutos. Y son sustitutos porque alguna característica de su pintarrajeada ontología parece colgar la “verdadera esencia” en el perchero de una habitación secreta. Seres misteriosos que transitan en el eclecticismo de una doble vida, ávidos de puertas y experiencias que prometan saciar cualquier vacío. ¿Y qué decir de las cirugías estéticas frente al envejecimiento natural? ¿Y qué de la posesión de tecnología que nunca habremos de explotar al máximo? –ipods resistentes al agua, teléfonos celulares con dispositivos de video, fotografía, internet, Mp3, shorcuts, bluetooth, chat móvil, Wi Fi, etcétera- ¿Y qué de los autos de motores complejos que pueden alcanzar grandes velocidades frente a los limites de velocidad establecidos? La industria de “lo mejor” ha exacerbado nuestras emociones al extremo de “vivir para desear” y “poseer para ser felices”. La idea de la casa, el vestido y el sustento –como derechos naturales e intrínsecos- ha desfigurado en la acumulación de bienes, enseres domésticos, cantidades innumerables de vestidos y calzados, y comidas opíparas que no terminan de saciarnos nunca.

¡Pero no todo es caótico! Una multitud de electrones en movimiento aún mantiene unidos nuestros átomos y dibuja el corpúsculo de nuestra esencia oculta. Huevos luminosos revestidos de atavíos, pero jamás opacados debido al ser espiritual que en ellos habita. Un ser que llega a casa –con nosotros- después de una larga jornada, y con cada prenda que quita, deja ver un alma permeada de temores y complejos, de sueños y esperanzas. Un ser que dibuja –con su luminosidad- el espectro de la segunda atención de Castaneda. Esa atención que no es la primera, y por lo tanto, no tiene que ver con la inteligencia de nuestros cuerpos físicos, ni con la atención ingenua de sus fatuos logros. Es una atención que enuncia el infinito de nuestras ambiciones y la eternidad de nuestras insaciables carencias. Es un estado de conciencia que no admite mayor diferencia entre un auto de cien mil dólares y su versión de juguete de plástico. Que no muestra mayor ventaja entre una cena en el Maxims, y una en la fonda de la esquina. Que no vislumbra comparación alguna entre un hombre de clase pudiente y un mendigo de la calle.

Leamos a Castaneda nuevamente:


“El nagual explicó que la fijeza de la segunda atención tiene dos caras. La primera y la más fácil es la cara maléfica. Sucede cuando los soñadores usan su ensueño para enfocar la segunda atención en las cosas de este mundo, como dinero o poder sobre la gente. La otra cara es la más difícil de alcanzar y ocurre cuando los soñadores enfocan su atención en cosas que ya no están en este mundo o que ya no son de este mundo, así como el viaje a lo desconocido. Los guerreros necesitan una impecabilidad sin fin para lograr esta cara” (El otro yo – El Don del Águila Pág. 22)

No me resulta extraño que la segunda atención pueda provocarnos fijeza. Apego al dinero, al poder, y a dirigir nuestra intención en el sentido de adquirir cualquier cosa para satisfacer las necesidades de nuestro “sustituto”, de nuestro otro yo –en una sociedad de carnaval, apariencia y engaño-. Tampoco me resulta increíble la dificultad de fijar nuestra intención en lograr cosas que están por encima del mundo. Somos terrenales y repletos de imágenes materiales. ¿Qué sentido tendría nuestro desapego de lo perceptible?, es decir, elegir lo que no es de este mundo, lo desconocido, lo que no se puede ver. Creo que cambiaría nuestro sentido de espacio y temporalidad al menos. Vislumbraríamos la unicidad del Todo en todos. Seríamos desapegados de lo material, que no significa no utilizar las cosas, sólo no afianzarnos, no depender de ellas. Y esto no se me hace dañino en absoluto. Alguien dijo que sufre más quien más posee. ¡Y poseer no es lo mismo que utilizar! Siddhartha Gautama –el buda- dejó su palacio para enseñarnos que el sufrimiento es la ausencia de la felicidad por la carencia de esas cosas repletas de significado; de esta manera, eliminando significados –que no bienes-, puede el humano trascender y liberar su alma del samsara. ¿Y tiene sentido esto? ¡Por supuesto que sí! ¡Para mí al menos! Cuando mi residencia en Estados Unidos dejó de significarlo todo, dejé de sufrir su ausencia. Vivo bien en la ciudad de México. ¡No peor, ni tampoco mejor! Cuando mi divorcio dejó de significar un fracaso en mi vida, dejé de sufrir por ello, mejor aún, se convirtió en experiencia. Esa es la parte difícil pero maravillosa de la segunda atención, cuando somos capaces de seleccionar lo que es benéfico de lo que no. Cuando aparecen las segundas y terceras oportunidades para ayudarnos a corregir un error. Cuando aprendemos a utilizar las cosas materiales sin adjetivos posesivos. Cuando entendemos que la felicidad es un estado de conciencia que merecemos todos, los ricos y los pobres, los buenos y los malos, los bellos y los feos, los débiles y los fuertes. Cuando aprendemos que lo trascendental no se ve, pero promete iluminarnos como estrellas desde el cielo inmenso de la tercera atención.

¡Que sea la Luz!

¡Que sea la Luz!